Nº 5 – El Sermon de la Montaña

En las Beatitudes encontramos un punto de apoyo para la misión social de la teología de la liberación versus la tradicional énfasis en una salvación personal que trasciende inquietudes profanas. Las dos actitudes parecen antiéticas y han engendrado gran controversia teológica. Pero me parece que, distinto a la diferencia entre marxismo y capitalismo, esta diferencia es sólo aparente y puede resolverse a un nivel más profundo.

Bienaventurados sean los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el reino de los cielos.

Estas son palabras duras. Muchas personas las ven – y es entendible – como poderosas herramientas para el mercado en masa de la opresión. Pensad en ello: ¡si sólo es necesario conseguir gente que crea que su vida eterna depende de ser pobre, humilde, triste, hambriento y pacifistas perseguidos! Porqué esto si podemos entrar y obtener todos los diamantes y el oro! Tristemente, millones de televidentes, hambrientos y sedientos de la Verdad han enviado su dinero para financiar campos de predicación, con sus redes de cables, y las aspiraciones presidenciales de tele-evangelistas! La religión ha demostrado ser una poderosa fuerza para el mal y muchos desesperan porque jamás ha mostrado potencia igual para el bien.

Sin embargo, si somos pobres de espíritu nuestros corazones no están sucios de envidia. Si permitimos entristecernos no estamos solos, apartados de contacto humano. Si somos humildes menos oportunidades tendremos de una muerte repentina; si somos misericordiosos nos sentimos mejor al caminar en la calle. Si somos puros de corazón tendremos menos dolores de cabeza, mejor digestión, y nuestros chistes, cuando podemos recordar las frases claves, causarán risas más alegres. ¿No son todas estas cosas bendiciones?

La acción social de ninguna manera es irreconciliable con la salvación personal: son inseparables. Al final ninguno de nosotros puede escapar la paradoja fundamental de la existencia humana: que mientas morimos solos, vivimos en comunidad. La teología de la liberación nos enseña a liberarnos de nuestro temor de morir y, amando la comunidad y compartiendo con ella su destino, a lograr el gozo eterno.

— Lindy Davies


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